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We've Come for You All - ANTHRAX (2003)

01- Contact
02- What Doesn't Die
03- Superhero
04- Refuse to Be Denied
05- Safe Home
06- Any Place But Here
07- Nobody Knows Anything
08- Strap It On
09- Black Dahlia
10- Cadillac Rock Box
11- Taking the Music Back
12- Crash
13- Think About an End
14- W.C.F.Y.A.
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Volume 8 - The Threat Is Real - ANTHRAX (1998)

01- Crush
02- Catharsis
03- Inside Out
04- Piss'n'Vinegar
05- 604
06- Toast to the Extras
07- Born Again Idiot
08- Killing Box
09- Harms Way
10- Hog Tied
11- Big Fat
12- Cupajoe
13- Alpha Male
14- Stealing from a Thief
15- Pieces
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Stomp 442 - ANTHRAX (1995)

01- Random Acts Of Senseless Violence
02- Fueled
03- King Size
04- Riding Shotgun
05- Perpetual Motion
06- In A Zone
07- Nothing
08- American Pompeii
09- Drop The Ball
10- Tester
11- Bare
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Sound of White Noise - ANTHRAX (1993)

01- Potters Field
02- Only
03- Room For One More
04- Packaged Rebellion
05- Hy Pro Glo
06- Invisible
07- 1000 Points Of Hate
08- Black Lodge
09- C11 H17 N2 O2 S Na
10- Burst
11- This Is Not An Exit


En primer lugar, perdón por el chorizo, espero que tengas tiempo libre... glub

Sound Of White Noise es un trabajo clave en la historia de Anthrax. No sólo por cambiar de vocalista, sino por el giro que iba dar la música de la banda. No está muy claro si fue antes el huevo o la gallina, en el sentido de si la marcha de Belladona deja rienda suelta a la creatividad del grupo, menos apoyado ya en la voz de éste, o si es la llegada de Bush la que impregna a la banda su propio estilo, ya desarrollado en Armored Saint.

El resultado es un disco muy bien construido, sin prisas, que transmite horas y horas, y semanas y meses de trabajo, de ensamblaje, de composición. No se trata de sacar cuatro ritmos guapos, hacer un bridge, pegarlos con pegamento y escribir una letra. Muchas bandas de thrash han hecho esto y han echado a perder, si no su talento, sí su personalidad. Varias de las canciones proponen esquemas anárquicos en comparación con la tradicional estructura thrasher que marcó toda la primera etapa de la banda. El sonido que encontramos tiene algo del sello industrial con esas guitarras que chirrían por brillantes y por mal engrasadas a conciencia, que predominarán en su siguiente trabajo Stomp 442. Este álbum contiene una atmósfera peculiar y bastante sucia, guitarras gruesas, una caja de batería grave... en consonancia con el "ruido blanco". Aunque mucho dista de aquel directo, sanguinario y desbordante Persistence of time de tres años atrás, conserva pinceladas de este y ya presagia por dónde irían los pasos en su siguiente trabajo de estudio. Pero esa es otra historia, otra crítica, otro disco.

Este SOWN tiene mucho y muy bueno. En esta ocasión no me hace falta utilizar el tópico "salvando las distancias" -pues para mí Anthrax es una banda que se encuentra perfectamente a la altura de Metallica-, este SOWN vendría a ser el "black album" de la banda de Ian; entiéndaseme, me refiero a que supone un giro en la manera de componer, un sonido más oscuro, nuevo. Este un disco solidario, porque Frank Bello tiene protagonismo en muchas canciones -obviamente en Black Lodge es en la que más-, pero es que el calvo y Spitz dan cuerpo a las guitarras como si fueran una sola; Benante se muestra más bestia que nunca, tanto que en ocasiones llegas a preguntarte si las baterías no muestran efectos o golpes extra -hasta que no ves los videos o lo escuchas en directo no te terminas de creer que lo haga todo a la vez-, y Bush se siente cómodo, canta como si esa fuera su banda de toda la vida, y no se echa en falta a Belladona ni un momento, porque esta música ha sido compuesta por otros tipos distintos a los que grabaron esos discazos de antaño como Spreading the Disease, Among the Living o Persistence of Time.

Un temblor, una especie de terremoto sónico in crescendo empieza a sacudir la tierra, se aproxima al compás de golpes a las cuerdas del bajo y un grito agonizante pasado por las interferencias de una onda de radio mal pillada... Se acabaron los experimentos: llega Potters Field (2) , con un primer ritmo infernal, pesado, como va a ser gran parte del disco, con una caja potente, acompañada de diez mil diabluras por parte del megacrack Benante, que sale por donde le da la gana, y los riffs envenenados del calvo de las ideas de oro, Mr. Scott Ian. Por fin se escucha la voz del sucesor de Belladona, John Bush, demostrando que se han acabado los gritos ochenteros, que ha llegado la hora de darle un giro a esta banda, y unos cuantos registros más a la voz, de paso. Esta primera canción tiene un ritmo que aparentemente no quiere terminar de acelerarse, camina a latigazos hasta que finalmente rompe en el estribillo y termina de destrozarte el cráneo en su segunda parte con ese Bastard son, your saving grace que te tira de la lengua, flanqueado por un rasgueo de la cuerdas y un sólo que desemboca en el punteo partido en varias entregas. El final es contundente como el inicio, violento, rabioso como el tema de la letra. (Yo siempre he entendido que trata de un hijo que ha nacido sin ser deseado por su madre -¿por violación, prostitución?- y la lucha por amar y ser amado le lleva al asesinato o al suicidio. Eso no me queda muy claro, la verdad).

Prometedor inicio que sirve de antesala a la archiconocida Only. Por su estribillo pegadizo, largo y melódico se presenta como el hit del disco, aunque no necesariamente su mejor canción. Arranca con Benante en solitario partiendo la batería, y unas guitarras simples pero dinámicas rasgadas con un punteo que respira como puede, arrastrándose por debajo. Cuando la batería se abre la distorsión sale a la superficie y llega ese Everything is perfect que hasta el más monolingüe del mundo reconoce. La estrofa desemboca en el famoso Oooooonly! con la base inicial de soporte; después vuelve a repertirse la estrofa. El punteo de Spitz es exquisito, variado, discutiendo con los guitarrazos de Ian, con los golpes de Charlie de testigo. Eso, junto a lo clavada que está la voz de Bush, perfectamente acompasada aunque sin ir al tiempo exacto de la maquinaria del batería, son para mí lo que aúpan a esta canción de "buena" a "notable". Aunque, eso sí, creo que está unos grados por debajo del nivel que ofrece el resto del disco.

Room for one more es un buen ejemplo de lo que acabo de decir. Es un gran tema desde el primer segundo. Avisan con una repetición de distorsiones, una batería amenazante en escala, a la una, a las dos... y vuelven los Anthrax de riffs pegadizos. El primero de ellos, que será el esqueleto de la canción, retoma esa onda vacilona del Persistance que te hace saltar sin opción de réplica... un segundo de respiro... y vuelven a la carga con el mejor Bush del disco hasta el momento. Personalmente no me agrada demasiado el estribillo (lo habré cantado como un millón de veces, quizá eso tiene algo que ver). Llega el bridge después del segundo, y una línea de bajo sobre la caja. La voz de Bush comienza casi susurrante para romper en ...What goes around comes around que es la punta del iceberg de lo que se esconde detrás.

Siento debilidad por Packaged Rebellion, me envuelve ese inicio en fade que huele a balada, con el bajo dominando, la guitarra creciendo, la batería subiendo... todas las piezas preparándose para descargar un tema violento, más serio que el anterior, más oscuro y complejo que lo escuchado hasta el momento. Creo que es el mejor trabajo vocal de Bush en el disco junto a This is not an exit, a pesar de que es cierto que en SOWN las voces dobladas son frecuentes y puedes perder la referencia de la principal. El parón hacia la mitad (3:54) es una transición hacia la parte final del tema, que se enloquece frenéticamente con un genial punteo -¡por qué tan corto!- y ya no es capaz de detenerse, embiste hasta el final sobre el riff principal, culminando en una nueva exhibición de Benante. Tanto que tienen que meter unos segundos de freno, como si tuvieran que tirar de las riendas del tema porque si no se cae por el precipicio.

De 0 a 100 en cuestión de segundos. Hy Pro Glo es otro de los temazos de esta obra maestra. Desde el primer golpe sabemos por donde van a ir los tiros, una melodía a base de riffazos flexibles y un trabajo vocal visceral que se mete en el papel de echar a un hipócrita/egocéntrico toda la mierda del mundo encima, con argumentos delicados como You've got a hole inside that you have to feed o You never deserved my respect. Y después de un pequeño bridge con ese It burns a hole inside my mind", llegan esos cabalgamientos thrashers sucios, con Bush mostrando de nuevo su escala de registros, dando paso a otra joya de punteo, que parece tomar aire para arrancar desde abajo con todo el protagonismo que le deja Ian, asomando poco para no comerse a Spitz. La agresividad vuelve a tomar las riendas de la situación hasta el final.

Quizá peco de adulador, pero es que este disco tiene 11 canciones y, casualmente, 11 temas para enmarcar. Invisible se lleva la palma en el apartado de "Mejor composición" (con permiso de This is not an exit). Y es que arranca con unas guitarras estridentes -muy del rollo del Stomp- comandadas por las baquetas del general Benante (en este tema el tipo se sale por los cuatro costados), hasta que se van soltando poco a poco, con ganas de acelerarse sin concesiones y van creando un ritmo colosal tras otro, perfectamente engrasados, hasta que la pana queda partida justo cuando entra ese I'm wiping the slate spotless. Bush se desgañita para alcanzar el tono y la calidad de las guitarras del calvo, y no necesita quedar limpio, no le importa quedarse sin aire o romperse le garganta, es un todo terreno. Mientras que escribo esto la canción sigue su camino, imparable, hasta el make yourself invisible again (3:22), que da paso a un cambio de ritmo relajado, como una bestia que toma aire en la carrera, para arrancar de nuevo con más fuerza: otro solo sin desperdicio, que termina de envalentonar al conjunto, incluido Bush que con ese What happened to me? desgarrador vuelve a la carga para tomar los mandos del aterrizaje. Un tema redondo como pocos, que además se atreve a poner una coletilla final con un extraño efecto.

1000 points of hate combina la velocidad de antaño, con esas creativos riffs cruzados que hicieron de Anthrax la banda más original de las que coronaban la escena thrasher yankee, con su nuevo sonido blanquencino. Ya no hay lugar para pamplinas, ni para flirtear con canciones country o rapear con los amiguillos del momento, es momento de odiar. Y esta canción, con un sonido pesado, con esa batería que redobla casi alcanzando un aire militar, es pura rabia. Adrenalia desbocada. Este temazo tiene varios puntos álgidos: el enlace seco entre el primer estribillo y la nueva estrofa, o ese cambio de ritmo "marca de la casa" (2:40)(con una especie de scratch que es lo único que desentona, pero que Bush salva con un Me, you, who que le deja las cuerdas vocales en carne viva), y el punteo de Spitz (waaaau!!) que comienza acompañando a la voz (o ¿será el cantante quien se atreve a cantar sobre la lírica?), para acabar, una vez más, revolucionando al personal. Porque esta es una de las señas de identidad de este disco, impone un esquema diferente, una especie de velocidad desbocada después de los solos, que incluye una parte vocal a toda hostia (en este caso con Deal with the hate inside). Uno de los cuernos de este disco se lo lleva por méritos propios 1000 points of hate. It's me!!

Momento para la calma. Canción intimista, algo impropio en Anthrax hasta el momento, pero es que Anthrax ha cambiado. Creo que todos conocéis suficiente la canción para analizarla al detalle. La atmósfera es oscura, con una potencia dormida que va creciendo sin que te dés cuenta, gracias en parte por la evolución en la voz. La producción de esta canción es exquisita, el equilibro entre las guitarras y un bajo insinuante, la potencia contenida de la batería, el punteo escueto y sórdido... Como curiosidad, decir que los arreglos del tema que finalmente fue incluido en el disco son del compositor Angelo Badalamenti (Nota 3)

Tras ese parétesis de relajación que proporciona Black Lodge (como si en medio del delicioso caos urbano te insertas en un parque), vuelve la vieja escuela. C11H17N2O2SNA comienza con una batería nerviosa a la que, de muy buena gana, se unen las distorsiones haciendo cabriolas durante casi medio minuto para detenerse de pronto ante la llegada de la voz. Como adiestradas por esta, los riffs con un sonido cortante vuelven poco a poco a coger velocidad a pasos violentos, pero más contenidos, hasta que llega de nuevo el momento de cabalgar con ese Sodium Pentathol, pero es solo un aperitivo de lo que será el estribillo, totalmente fuera de control, tal y como indica el estribillo. Nos volvemos a encontrar con una canción de estructura multiforme, con bases rítmicas que van y vuelven, y unos registros de Bush desgarrados. En 3:17 llega un momento de calma, pero, como en anteriores canciones (y parafraseando al Robe en el Pedrá) "espera que estoy cogiendo carrera". Otra lección magistral de cómo deleitar con un punteo inesperado, cómo acompañarlo, y como culminarlo. Agresividad hasta el último acorde.

Burst es más de lo mismo. Thrash cañero con un sonido nuevo, actualizado, con una personalidad que aún estoy esperando encontrarme de nuevo. Las guitarras de Burst son las más agresivas del disco, entrecortadas, flexibles, feroces. Esta canción es una bala, no da lugar al respiro. Tras el estribillo que arranca con See things the way I do, que varía la línea de la canción muy gratamente con unos acordes más largos, unos coros clavados, una batería seca que sacrifica la técnica para destacar la fuerza del conjunto. El punteo se adelanta, y nos sorprende a los dos minutos, breve y conciso, nos da paso a la segunda parte de la canción, de idéntica estructura a la primera. El final, como viene siendo la tónica del álbum, no responde a lo esperado, arranca por su cuenta y pone un punto final de forma rápida.

Y decía en Invisible (ver pág. 214:), que con permiso de This is not an exit porque la última canción del disco es un broche perfecto para un disco impecable. El comienzo tranquilo, con esa guitarra calma, no engaña a nadie después de lo que llevamos de trabajo. Todo lo demás, bajo, batería y voz, se adapta a ella con aparente sencillez para volver a dejarla sola. Pero en esta ocasión un pelín más enfadada. Comienza la función: Benante ya no sólo acompaña sino que también redobla, Bush comienza a gustarse y en riff principal se rompe en un cambio de ritmo que presagia un plus de velocidad, este llega en el estribillo (2:02), pero es un espejismo porque el tempo vuelve a relajarse. Lo bueno se hace esperar. Las guitarras sucias están esperando pacientes su despegue, las baquetas arden de ganas de salir corriendo, el bajo se mantiene latiendo tras la bestia. En esta canción queda patente, quizá con especial claridad, el buen entendimiento entre los ritmos complejos de Ian y la personalidad de Bush. Por fin, llega ese What you don´t see (3:05) y tras él todo se pone de verdad en marcha, como una apisonadora. No existe una dirección lineal de la canción: una parada, un nuevo acelerón que finaliza con un This is not an exit que parece una arcada, un punteo melódico y nervioso -¿por qué otra vez tan breve?-, de nuevo la calma y un nuevo embiste final, en el que la fuerza y del sonido alcanzan el punto máximo de suciedad...ffffffffffffff....una voz que no soy capaz de transcribir y unos gritos de niños quedan sepultados por el ruido blanco... ffffffff...

Un disco redondo y metálico, como la imagen del trabajo que vería la luz dos años más tarde...

1. He colgado la portada con la calavera blanca que llevaba la caja impresa en la primera edición, la que yo compré hace quince años... y perdí... o_o
2. Potter´s field es un lugar público donde se entierra a los indigentes o los difuntos indocumentados
3.Ian en una entrevista a IFC.com: "no entendiamos nada. ¿Qué demonios? y el empieza, 'Aqui va esta parte, aquí esto, aquí la guitarra y aquí un teclado,' y nosotros solo le dijimos: 'adelante, vamos.' Asi es que basicamente el transformó nuestro temita en un momento orquestal oscuro y gigante"


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Persistence of Time - ANTHRAX (1990)

01- Time
02- Blood
03- Keep It In The Family
04- In My World
05- Gridlock
06- Intro To Reality
07- Belly Of The Beast
08- Got the Time (Joe Jackson COVER)
09- H8 Red
10- One Man Stands
11- Discharge
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State of Euphoria - ANTHRAX (1988)

01- Be All, End All
02- Out Of Sight, Out Of Mind
03- Make Me Laugh
04- Antisocial (Trust COVER)
05- Who Cares Wins
06- Now It's Dark
07- Schism
08- Misery Loves Company
09- 13
10- Finale
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Among the Living - ANTHRAX (1987)

01- Among the Living
02- Caught in a Mosh
03- I Am the Law
04- Efilnikufesin (N.F.L.)
05- A Skeleton in the Closet
06- Indians
07- One World
08- A.D.I. / Horror of It All
09- Imitation of Life


El mítico Monsters of Rock del 88 en el Rockódromo de Madrid tenía un cartel ineludible para cualquier metalero de a pie: Maiden, Metallica, Helloween, un pequeño toque patrio con el nuevo grupo de Manzano (recién salido de la desbandada de Banzai)... y unos Anthrax para mí aún muy desconocidos, de los que sólo había escuchado su última macarrada I am the man, y a los que tocó actuar en segundo lugar, a esa hora en que la luminotecnia de un festival se basa todavía en las últimas ascuas del lorenzo.

Qué pedazo de directo. Estaban en muy buen momento y me dejaron boquiabierto. Pasan los años y no se me va la imagen de Scott Ian allí a lo lejos, pequeñito en el escenario enorme, con sus bermudas, sus melenas (aún las tenía), su única ceja enorme (todavía la tiene) y su manera casual y casi tímida de estar ahí de pie, sacando sonidos tan bruscos y concisos, dirigidos como dardos a nuestros oídos. Me pareció y me parece un caso extremo de guitarrista capaz de tocar los ritmos más interesantes, trepidantes y furiosos sin que le falte nunca energía ni musicalidad, tocando thrash como quien se saca un bígaro de las fosas nasales. Y se lleva bien con ese pedazo de batería que es Charlie Benante, que, sin ser para nada el colmo de la precisión, fue la otra bestia parda que me dejó alucinado aquel día con su claridad de ideas. Entre los dos formaban tal pared, ayudados por un bajista también pétreo, que poco importaba que hubiera por ahí otro tipo haciendo solos de un virtuosismo más o menos desatinado y un cantante mostrando su lustroso registro de tenor a base de gorgoritos al uso. Para mi gusto –y en parte por eso me gusta tanto SOD– esos dos tipos no pegaban en aquel concierto y no pegan en este gran disco que es Among the living, cuyas acojonantes canciones nos regalaron aquel día los Anthrax.

Poco tardé en conseguir el disco de marras, a tiempo de escuchar aquellas maravillas teniéndolas aún calentitas en la cabeza. Efilnikufesin (N.F.L.), con la que abrieron el show, I am the law, Caught in a mosh… de nuevo esa sensación de que quien manda, quien te va guiando, es la guitarra rítmica, que va vomitando uno por uno esos riffs brutales como quien pela con soltura una gran montaña de patatas en un ratito.

Una particularidad de Ian es su capacidad única de crear melodías a base de ruidosas quintas, extraña combinación de elementos propia de alguien muy estruendoso pero a la vez de una musicalidad muy amable. Ésta es, por así explicarlo, la razón por la que me lo imagino silbando cualquier cosa bonita en la ducha, fantasía en la que me costaría mucho ubicar, por ejemplo, a otros guitarristas de cemento como James Hetfield o Kerry King, a los que imagino como mucho dando puñetazos en el alicatado. La original, extraña y mágica cualidad melódica de los riffs de Among the living se puede disfrutar en su plenitud durante el arranque del disco o a lo largo de todo el superhit Indians, por poner dos ejemplos de esta auténtica jauría tarareable de acordes.

Y Belladonna cantando muy bien, pero muy amanerado. O el “solero” haciendo unos solos a los que le sobra narcisismo y sinuosidad artificial y en cambio les falta un poquitillo de música. Yo qué sé, no pegan con la base, es como meter a Bambi en El Grito de Munch, o a Mortadelo en Las Meninas. No empastaba por mas que se intentara. En fin, que Anthrax es puro Ian + Benante + otros, es algo que más o menos ha terminado siendo así históricamente, pero en este tercer disco se podía oler ya: había dos músicos evolucionando a marchas forzadas e inventándose el thrash (su porción particular y gamberra del thrash, claro, y con permiso de otros grandes grupos), y a su lado otros dos o tres músicos haciendo todavía un heavy de lo más normal que ya no aportaba demasiado en este contexto, como esas miguitas que quedan en el mantel después de un buen bocata y ni se te ocurre comértelas.


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Spreading the Disease - ANTHRAX (1985)

01- A.I.R.
02- Lone Justice
03- Madhouse
04- S.S.C. / Stand or Fall
05- The Enemy
06- Aftershock
07- Armed and Dangerous
08- Medusa
09- Gung-Ho


A.I.R-…. Es el primer “hachazo” del disco y, en la humilde opinión de este inexperto narrador, tiene un “inicio-intro” un poco mediocre, pero cuando arranca el riff principal con ese doble-bombo tan peculiar (modelo Peral-yogurtNatural-Special).... me paro, pienso hacia mis adentros, y reflexiono:...efectivamente,…suena como el ano de un hurón con empacho de CocaCola, pero inequívocamente eso que suena es Thrash-Metal, ¡oh, si!!! (¡! Oh, yeah!!).

…!Young and free, something you'll never be!!!!!, declaración de intenciones desde el principio del disco; somos jóvenes y macarras !!!! Y eso es lo que me parece todo este disco, un puñado de riffs marcarras, vacilones, que incitan a menear las greñas todo el rato que estés enchufado a él. En mi opinión de lo mejorcito que ha hecho Anthrax en toda su discográfica.

LONE JUSTICE: agárrate, que los macarrones de la abuela tienen chorizo picante... Este tema tiene un riff...joder que riff.... tiene un riff que te escupe a la cara (pues comprobar lo humedecido de tus auriculares cuando termines de escucharlo), que progresa en un preestribillo que para qué……. Y como colofón, el estribillo es...,bueno el estribillo....."! No name, like a shadow on a moonless night....”. Meseponen los pelos como escarpias. Mi neurona solo alcanza a menear mis greñas y reza porque no se acabe el tema, a mi parecer es-pec-ta-cular. No me extraña que en estas últimas giras-sacadinero hayan rescatado este tema y lo hagan imprescindible en su set.

MADHOUSE: este tema es uno de los más famosos de la banda y en mi opinión bien merecido. Imprescindible que te lo aprendas para no hacer el risión en eventos de índole metálica y/o calimochera.

SSC / STAND OR FALL: Este corte es una mezcla de una parte intro en plan arabesca, que no esta mal (es curiosa, pero no veo que sentido tiene con el tema), que conexiona con el tema principal mediante un “onanismo guitarrístico” en el que Dan Spitz da buena cuenta su habilidad a las seis cuerdas. (En mi opinión los solos de Spitz nunca estuvieron a la altura que merecían los riffs de Ian, pero ese es otro tema). ¿Qué decir de Stand OR Fall?....; tronchón de doble-bombo, caña por un tubo, meneamiento de greñas, estribillo a lo glorioso (nuevamente lucimiento de Belladona), púa afilada, mandoble de acero, manteamiento de cabras....y un largo etcétera que hará las delicias los mas exigentes.

THE ENEMY: Los ochenta fueron la época del auge de los efectos estrambóticos, y Charlie Benante no quiso quedarse al margen. Nos otorga una entrada de una batería con flager, a lo Emerson Lake And Palmer, con un bombo( también con sabor a yogurt pero ahora un poco caducao) con un sonido mas áspero. Es un tema más lento, y más sentido, que a mi no me llama mucho la atención, pero que tampoco duele si posees unos auriculares con esponjilla. Creo que este tema lo pusieron para que el siguiente corte (AfterSchock) destacara más todavía.

AFTERSCHOCK: vuelve la caña y la macarronada, tema a toda caña con un estribillo que se te incrusta en el occipital parietal y que no se te va a borrar en mucho tiempo chaval!!!!. Suelta el resorte de tu cuello y comienza a menearlo. Para mi otro de los grandes temas de este, repito, pedazo de disco.

ARMED AND DANGEROUS: bueno, bueno, bueno....Empieza con una balada ochentera con guitarras acústicas, la verdad muy guapa, …. epopeya del dios Zeus y sus desencuentros amorosos con una raqueta a la luz de la Luna....y de allí , según cuentan los más sabios, salió el riff de este cacho temazo:Armed and Dangerous.
Tema rápido, muy dinámico con preestribillo y estribillo que no te deja descansar el oído, en sus casi 6 minutos de duración, yendo cada vez a más durante toda la canción. Este también es uno de los hits de la banda y te lo recomiendo totalmente, porque es un tema de los que “marcan” época. En él (si no lo pongo no voy a dormir a gusto) Belladona hace un par de “falsetes” de dudosa calidad, pero de incomparable “apretura ojal” y eso creo es digno de mencionar.

MEDUSA: Cachis en la Mar, ¿cuantos himnos he dicho que tiene este disco ya?...bueno, pues otro más. Quizá de lo machacado que tengo este tema no lo aprecio tanto como debiera.

GUNG-HO: Aquí tienes chicha pa dar y tomar. Comienza un guitarrón gordo y un riff bastante arcaico, pero cargado de suficiente mala leche. Prepara tus oídos para el recital del speed bombo-muñeca del disco.
Inequívocamente, se ve que Ian supo sacar provecho a pasarse la adolescencia “dalequetepego” en el baño. A pesar de sufrir en sus carnes los vaticinios del párroco de su barrio (“…. te quedarás calvo y no crecerás….”), el tiempo le dio la razón y comenzó a marcase unos riffs troncha-muñecas de infarto. 4 minutos y medio de pura caña, ¿que mejor cierre de disco?.Este tema es otro de esos que no te deja descansar....."figth!, figth!,figth!.....Gung-ho!..."
Benante (que no he dicho nada de él), en su tónica, espectacular. El solo de Spitz es una patata en toda regla, pero solo de escuchar el “onani-riff” que se marca Ian por debajo, joder!!....esto es mu-serio.
Si buscas un tema cañón con el que impresionar a tu vecina (la del Reggeton de los cojones, que seguro que tienes una) consigue este tema y enchúfaselo directamente a la ventana porque no lo va a olvidar en mucho tiempo (incluso la estarás haciendo un favor).

En resumen: un Belladona pletórico, un Ian superior, un Benante espectacular que ya empieza a dar sus pinceladas y a modelar lo que será el sonido de Ánthrax en álbumes posteriores (con esas baterías cruzadas, y esa manera de enfatizar los tiempos, que van a dar a Anthrax ese sonido tan característico y “atrompiconado”, que hará que sus temas suenen con tanta fuerza y singularidad....pero ese es otro tema: State of Euphoria.

Frank Bello se marca sus dibujos guapos y en general bastante bien. Spitz, pues no está mal, pero le falta algo, cuando llega la parte de los solos da la sensación de que le queda grande aquello, a pesar de manejarse muy bien a las 6 cuerdas le falta algo de inventiva, creo.

Asi que le voy a acoplar un 9, píllatelo....cuanto antes, mejor.


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Fistful of Metal - ANTHRAX (1984)

01- Deathrider
02- Metal Thrashing Mad
03- I'm Eighteen (Alice Cooper COVER)
04- Panic
05- Subjugator
06- Soldiers of Metal
07- Death from Above
08- Anthrax
09- Across the River
10- Howling Furies


Los inicios de Anthrax fueron moviditos. Scott Ian y Dan Lilker contaban con 18 años cuando, después de haber experimentado en otras bandas, decidieron montar su propio proyecto. Según parece, la manera de trabajar de los fundadores era tan exigente que impidió la continuidad de casi un ejército de músicos. John Connelly (Nuclear Assault), Dirk Kennedy y Greg Walls (Hittman), Jason Rosenfeld (Reverend), Bob Berry, Paul Crook (M.O.D., Meat Loaf), Dave Weiss y Greg D'Angelo son sólo algunos de los músicos que pasaron por la formación original con más pena que gloria, hasta que el proyecto comenzó a materializarse con la incorporación de Neil Turbin, quien puso la voz a las tres primeras piezas: Antichrist, Haunting Dog y Sin (si alguien sabe cómo pillarlos que me informe).

Hablamos de primeros de los 80, en todo el globo el Heavy Metal comenzaba a instalarse en la sociedad. Iron Maiden, Motorhead, AC/DC o Judas Priest eran la referencia para jóvenes como Ian y Lilker, que aportaban un toque de velocidad a sus composiciones, paralelamente a otras bandas americanas como Metallica, Slayer o Exodus, todas nacidas entre el 81 y el 82. Anthrax obtuvo cierta fama en la zona Este del país tras ganar algunos concursos, y tras varios cambios de formación, los fundadores incorporaron a Charlie Benante a las baquetas y Daniel Spitz como guitarra solista, con lo que la formación original, la que grabaría Fistful of metal, ya había nacido.

Tras telonear a Metallica, que ya andaban metiendo caña, hicieron lo propio con Manowar. Ross the Boss, el guitarra de los "kings of metal" por entonces, se quedó a ver el concierto, le impresionó el rollo que se llevaban Ian y cía., y les propueso la producción de los temas "Soldiers Of Metal” y “Howling Furies”. Boss, que controlaba parte del cotarro por la costa Este, consiguió que la recién nacida discográfica "Megaforce" vendiera tres mil copias de la maqueta en apenas dos semanas. Este tirón inicial sirvió a Anthrax para girar por todo el país junto a sus colegas de Metallica y algún grupo de renombre como Raven. Ya rodados, desplegando en los escenarios varios de los temas que formarían parte de su disco debut, los cinco chavales se metieron en un estudio a grabar "Fistful of metal". El resultado fue lo que hoy es considerado como uno de los discos más personales y potentes de los inicios del thrash. Según parece, en la potencia de las composiciones, con tintes speed y punk-core, tuvo mucha culpa Dan Lilker, que dejaría la banda para montar Nuclear Assault junto a Connelly, con quien hizo buenas migas cuando este estuvo probando en la banda (The plague y Out of order son mis dos recomendaciones de este grupo).

En cuanto a Fistful of metal, bueno... es un disco de discordia. No es un juego de palabras. Para unos es una pieza pobre en la producción, la verdad es que suena como si hubiera sido grabado en un garage de acústica paupérrima (o en la Sala Heineken :P), con un reverbe hueco; para otros, los intentos de Turbin por imitar a Halford a base de gritos, son insuficientes para afirmar que este tipo sabía cantar. Pero para la mayoría -a expensas de simpatizar más o menos con Turbin o de opinar en contra del sonido final del disco-, desde el punto de vista compositivo, es un disco admirable.

Jodidamente veloz, arranca con Deathrider, una metáfora en clave mitológica de la búsqueda del poder total, según Turbin -que se jacta de haber creado todas las letras y títulos del disco, supongo que no se atreverá a decir que el cover de Cooper también :)-. El riff de inicio es bárbaro, y la intención vocal me parece acertada, claro que si comparas esto con lo que es capaz de alcanzar Belladonna, la diferencia es palpable. Lo que es cierto es que Turbin se esfuerza una barbaridad, desgañitándose en esos "Hear the screams!" con grito incorporado, y en el último "Tonight!". Imagino que para quien pinchara el vinilo por primera vez en el 84, viendo la carátula -demasié salchichera- no sería un estorbo la producción, ni el protagonista sonido de la batería; sino que más bien lo fliparía con la velocidad de los riffs, con la potencia de los golpes de Benante y el cuidado sólo de Spitz, que ya daba muestras siendo un imberbe de todo lo que llevaba dentro y ha sacado disco tras disco durante 25 años. A mí este tema, personalmente, me vuelve loco. Como arranca la batería después de cada estribillo, como tomando carrerilla... gggg (babilla).

Metal thrashing mad! es más de lo mismo. Menos acelerada que Deathrider, pegadiza como pocas, se ha convertido en uno de los cortes obligatorios en directo del grupo. Vuelve a destacar el solo, al que sigue un parón con el Turbin más gritón del disco -acertado en este caso el desgañitamiento-. Un tema corto, directo, potente... Un clasicazo.

I'm eighteen es una de mis debilidades. Es quizá la canción menos maltratada por la producción debido a que el bueno de Turbin se dedica a cantar con su propia voz, no forzando el falsete como en gran parte de las demás, y no descoyunta el sonido del resto del grupo. Me encanta el acelerón de Benante durante el final del punteo, como cabreándose y renunciando muy a su pesar a destrozar los parches. Ya tendrá tiempo, ya... El estribillo final es una delicia, con unos coros bien entonados. Este tema es especial para mí, porque me sentía totalmente identificado cuando lo escuchaba, con ese "I'm a boy and I'm a man", y el "I like it, love it, like it, love it"... Esos 18... ufff... quien os pillara...

Llegamos a mi tema preferido de la primera etapa de Anthrax, y de hecho, creo que hasta Among the living no hay ninguna composición que me guste más que Panic en los dos primeros discos. Es la canción, junto a Howling furies, dónde mejor se aprecia el trabajo de las guitarras. Tras el riff de inicio, cuando arranca el tema, Turbin se incorpora a la perfección, me encanta el trabajo del voceras en este corte... pero me quedo con la parte rítmica después del segundo "Losing control", con ese sólo endiablado que desemboca en un doble punteo delicioso, amplio, con Benante y Lilker por debajo marcando los tiempos como dos fenómenos. Cuando crees que ha terminado y esperas de vuelta los gritos de Turbin, llega el tapping, veloz y elegante, que da paso a un nuevo y último sólo, breve pero absolutamente desbocado. En total ¡¡un minuto y medio de parte instrumental!!, sin medios tiempos, a toda velocidad. Un auténtico puñado de metal. Algo que hace de este tema una canción especial es el acierto de no haberlo alargado demasiado. Cuatro minutos. Lo normal, según las estructuras habituales, habría sido haber incorporado un nuevo estribillo para cerrar, pero se lo cargan con naturalidad, con un cierre seco y contundente. Clavado.

Subjugator es otro puñetazo, con varios cambios de ritmo desperdigados por sus cuatro minutazos y medio. Abre con una escala que marcará las estrofas de la composición, intercalada con breves punteos hasta el primer cambio de ritmo -¡¡el primer bridge de la historia de Anthrax!!- que sirve para acomodar al bueno de Spitz de cara a un nuevo alarde de virtuosismo con la púa, que a lo largo del disco va adquiriendo mayor protagonismo. Comienza entonces otra parte de la canción, sobre un riff plano, comandado por Benante, un juego de notas que llega al éxtasis en un nuevo cambio de rumbo (2:36), que da pie a otro sólo del 'lead guitar' (¡vaya fichaje!). Esta canción me recuerda a las primeras composiciones de Mustaine al frente de Megadeth, con esos punteos intercalados del inicio, la complejidad de la estructura y la contundencia de los saltos por el traste. Quizá es una apreciación personal sin más...

Soldiers of metal arranca con un tufo a Metallica que no se lo salta un bombero mezclado con un halo de heavy metal en plan épico -quizá la mano del jefe Ross anduvo detrás- que finaliza con la entrada de Turbin. A mí, personalmente es un tema en el que no me agrada demasiado la adaptación de la voz. Si bien, y aunque me parece uno de los temas más flojos del disco en el plano creativo, los ritmos cortados de Ian y Spitz y los redobles de Benante presentan la uva en bruto de lo que sería el mejor vino de los Anthrax de unos años después. Y es que es difícil sacarle defectos al disco más allá de los citados al principio.

Un punteo, bastante guarrete, acompañado por unos golpes de batería bestiales son la carta de presentación de Death from above. Me flipa este tema, a diferencia del caso anterior, la garganta de Turbin se incorpora a la perfección, adelantándose un pelín al riff principal, y su voz histriónica queda que ni pintada en este corte. El estribillo, con ese pegadizo "Jet final, Jet Final", tiene algo del feeling que apenas un año y medio después emanaría Spreading the disease. Pero siguiendo con esta 'Muerte en las alturas', no se puede pasar por alto el sensacional sólo central del tema, y el ritmo cuidado, quizá el más thrasher del disco, que le sigue. Tras la segunda estrofa y el segundo estribillo, vuelve a la carga el solista de la banda acompañando unos gritos de Turbin quizá demasiado altos, pero efectivos en el juego dialogado con las cuerdas de Spitz. El tema más largo del disco, trabajado en todo menos en la letra.

La ópera prima contiene el tema homónimo del grupo. Anthrax ofrece una estructura especialmente particular. Comienza con un ritmo machacón a una velocidad lenta que da paso a otro ritmo acelerado. Pero, sorprendentemente, estas últimas no van a ser las notas que sirvan de esqueleto a la canción, sino que la composición se adaptará a la voz de Turbin, perdiendo la velocidad speed-thrash que tanto prometía segundos antes, y avanzando a golpes. Al principio te defrauda un poco, pero en seguida te adaptas, sobre todo cuando termina la estrofa y llegas al segundo estribillo. Es una pasada: acertada incorporación de los coros, la velocidad de Benante apaleando los platos en el momento preciso... adrenalina pura y dura... ganas de cantar... Tras un riff pegadizo llegamos a un nuevo parón para volver al ritmo machacón del principio que se acelera y pone el punto final. Una canción completa y entretenida.

Across the river es un tema instrumental de apenas minuto y medio compuesto por los dos guitarras del grupo, en el que la batería adopta bastante protagonismo. Se trata de una serie de buenos solos encadenados, con un breve cambio de ritmo con tintes militares. Tampoco es que sea para tirar cohetes, pero ahí está.

Llegamos al final con la canción más reflexionada del disco. Howling furies no es un tema demasiado complejo o dinámico como Subjugator, ni tan veloz como Panic, pero logra transmitir una idea del conjunto total del álbum. Su ritmo es autéticamente thrash, y la voz de Turbin, como en I'm eighteen es más fácil de escuchar, quiero decir que "canta" y "no grita". Apenas ha terminado la primera estrofa, con un coro en falsete bastante logrado, todo sea dicho, se suceden dos sólos, tras los que llega una de las melodías más hermosas y personales del disco, a dos guitarras, en la onda del fraseo central de Panic. De inmediato vuelve a la carga un Turbin comedido, al que se le escapa uno de sus gritos a lo "heavy metal god" porque que se le escapa del pecho de puro gozo. De aquí al final, se repite el estribillo.

Fistful of metal es, en esencia, uno de los trabajos claves del embrión del "thrash" de los 80. Un trabajo serio, con toda la violencia que se transmite en la carátula, con las ganas y la rabia de los 18 años, y con un concepto un pelín alejado del thrash que se creaba al otro lado de los States, con letras más basadas en la carga social que en la idea de violencia gratuita y muerte que propagaban otras bandas thrashers. Una obra de culto. Un pedazo más que significativo de la historia del metal. Una recomendación sincera.


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